Analizaremos, en primer lugar, el concepto a estudio: Amigos con derecho a roce.
Amigos de este tipo son aquellos que, cimentados en una base de amistad, se permiten ciertos contactos físicos ocasionales (entiéndase por contacto físico desde un simple beso hasta sexo puro y duro).
El concepto también incluye a quienes, sin amistad previa, comparten relaciones esporádicas sin necesidad de fidelidad. Es decir, que se utilizan mutuamente para saciar sus instintos sin preocuparse de las consecuencias de sus actos. El término amigos aquí cobra un nuevo matiz que desprestigia completamente la palabra, pero no creo que a nadie le interese entrar en discusiones léxicas.
Es evidente que este tipo de amistad resulta conveniente para todos/as aquellos/as que desisten de mantener una relación seria con otra persona. Se trata de un intercambio mutuamente consentido, entre personas (parto de esta premisa) adultas y en pleno poder de sus facultades mentales.
¿Cuál es el problema? El problema reside, basicamente, en que es una situación insostenible. Salvo raras excepciones, matizaré en este punto que conozco mi tendencia a la generalización, pero aseguro que algún día me centraré por completo en las excepciones que siempre existen en todos los temas que trato, uno de los dos miembros de dicha amistad, terminará por desistir de la misma.
Puede suceder, como ya he dicho antes, que sean ambos quienes desistan o que se encuentren eternamente felices de tan peculiar manera.
Las causas que motivan la mayoría de las deserciones en las amistades con derecho a roce se resumen en dos: Uno de los dos encuentra otra pareja estable o uno de los dos termina por enamorarse de su "amigo/a".
Cuando el problema incluye a terceras personas, el miembro que se queda sólo, tiende a comprender demasiado tarde lo importante que era la otra persona para él/ella. La raza humana es así de incomprensible y siempre queremos lo que no tenemos. Triste, pero real.
Cuando el problema versa sobre amor, la situación es más compleja. Seguramente, la persona que se ha enamorado, comience a exigir mucho más de esa amistad mal entendida. Querrá exclusividad, una mayor atención... pero, a su vez, se negará a renunciar a la otra persona pese a encontrarse sus sentimientos en juego.
Obviamente, terminarán mal. La amistad que, como ya todos habreis comprendido, realmente no existía, terminará por caerse a trozos entre discusiones contínuas y reproches. El sexo se volverá monótono, previsible... y terminará con la excitación que envolvía a la situación.
Embarcarse en una relación de este calibre es completamente desaconsejable por mi parte, pero desde aquí no me queda más remedio que confesar con completa sinceridad que es, a la vez, una situación inevitable... y perfectamente insostenible.
Dejo abierto el debate. Saludos...
Amigos de este tipo son aquellos que, cimentados en una base de amistad, se permiten ciertos contactos físicos ocasionales (entiéndase por contacto físico desde un simple beso hasta sexo puro y duro).
El concepto también incluye a quienes, sin amistad previa, comparten relaciones esporádicas sin necesidad de fidelidad. Es decir, que se utilizan mutuamente para saciar sus instintos sin preocuparse de las consecuencias de sus actos. El término amigos aquí cobra un nuevo matiz que desprestigia completamente la palabra, pero no creo que a nadie le interese entrar en discusiones léxicas.
Es evidente que este tipo de amistad resulta conveniente para todos/as aquellos/as que desisten de mantener una relación seria con otra persona. Se trata de un intercambio mutuamente consentido, entre personas (parto de esta premisa) adultas y en pleno poder de sus facultades mentales.
¿Cuál es el problema? El problema reside, basicamente, en que es una situación insostenible. Salvo raras excepciones, matizaré en este punto que conozco mi tendencia a la generalización, pero aseguro que algún día me centraré por completo en las excepciones que siempre existen en todos los temas que trato, uno de los dos miembros de dicha amistad, terminará por desistir de la misma.
Puede suceder, como ya he dicho antes, que sean ambos quienes desistan o que se encuentren eternamente felices de tan peculiar manera.
Las causas que motivan la mayoría de las deserciones en las amistades con derecho a roce se resumen en dos: Uno de los dos encuentra otra pareja estable o uno de los dos termina por enamorarse de su "amigo/a".
Cuando el problema incluye a terceras personas, el miembro que se queda sólo, tiende a comprender demasiado tarde lo importante que era la otra persona para él/ella. La raza humana es así de incomprensible y siempre queremos lo que no tenemos. Triste, pero real.
Cuando el problema versa sobre amor, la situación es más compleja. Seguramente, la persona que se ha enamorado, comience a exigir mucho más de esa amistad mal entendida. Querrá exclusividad, una mayor atención... pero, a su vez, se negará a renunciar a la otra persona pese a encontrarse sus sentimientos en juego.
Obviamente, terminarán mal. La amistad que, como ya todos habreis comprendido, realmente no existía, terminará por caerse a trozos entre discusiones contínuas y reproches. El sexo se volverá monótono, previsible... y terminará con la excitación que envolvía a la situación.
Embarcarse en una relación de este calibre es completamente desaconsejable por mi parte, pero desde aquí no me queda más remedio que confesar con completa sinceridad que es, a la vez, una situación inevitable... y perfectamente insostenible.
Dejo abierto el debate. Saludos...

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